abril 28, 2026

Pierre Oriola reconciliado con el baloncesto

Multifacético en la vida, pasional en la cancha, barcelonista hasta la médula, su regreso a la Selección cinco años después es una de las noticias de esta Ventana de clasificación para el Mundial de Qatar. Pierre Oriola es un tipo que deja huella. Merecía este baile, sea el último o no.

JUAN JIMÉNEZ
Oviedo

Pierre Oriola (29-9-1992, Tárrega) ha vuelto a la Selección cinco años después. Campeón del mundo en China en 2019, ex capitán del Barça, su carrera ha resultado de manera inesperada después de una etapa “exótica” en el Fuerza Regia de Monterrey. Conversó con AS.

—Empecemos con un juego de memoria. ¿Recordará todas las ciudades de China por las que pasó antes de ser campeón del mundo?
—Creo que sí. Guangzhou, Wuhan, Shanghái y Pekín. Y estuvimos en Shenzhen, Ningbo…
—Correcto. Supongo que, de alguna manera, regresar a esta época del covid recordará que usted pasó por la zona cero apenas seis meses antes de que explotase…
—Fue algo como muy chocante. Sí que es verdad que no visité casi nada de las ciudades. Pero algunas sí fueron al mercado donde empezó todo. Recuerdo que hacía muchísimo calor, pero también que hicimos buenos partidos allí.

—Contra Serbia. Scariolo le puso como titular. Todos daban por perdido aquel partido…
—Metí los seis primeros puntos del partido, salí enchufado. Lo que pasa es que me cargué rápido de faltas y me fui rápido al banco. Ganamos a Serbia el día en Wuhan, dos victorias muy importantes.

—¿Qué recuerdo le quedó de toda aquella experiencia?
—Lo pasamos muy bien en la concentración. Estuvimos una semana en Los Ángeles. Aparte de preparar el Mundial, pudimos hacer turismo, ir a cenar juntos… Hicimos mucha piña. En la primera semana en China estuvimos con fiebre, vómitos, dolor de barriga. Recuerdo que solo comí arroz y pollo mientras tuvimos allí. También anécdotas en pista. Nos costó al principio. Ganamos al final a Irán con una canasta de Marc… Y claro, el partido contra Australia. El tiro libre fallado por Patty Mills. Recuerdo llegar al vestuario y ver las caras a Ricky, Marc, Llull, Claver y Rudy. Y ellos que se habían visto en tantas batallas y habían ganado tantas medallas, nos dieron un mensaje: “Esto está ganado. Vamos a ser campeones del mundo”.

—A Ricky todavía le ve en la cancha. ¿Era tan impactante verle jugar en aquel Mundial?
—Aparte de que fue MVP, era tan joven que tenía. Jugaba con una naturalidad tremenda, se sentía capaz de ganar el duelo. Estaba mentalmente fuerte, físicamente bien, en lo más alto de su carrera deportiva. No me sorprendía nada lo que hizo. Ese Mundial fue espectacular.

—El título fue para él. Se siente identificado con él por los altos y bajos mentales que ha tenido?
—Estos últimos años hemos tenido más relación por amigos en común. El verano pasado, uno de los días que entrenaba con él en Badalona, hicimos gimnasia juntos. Luego nos fuimos a hacer un brunch como le dicen ahora y hablamos del tema mental, del momento vital. Le expresé cómo me sentía. Ricky me ayudó muchísimo. Me entendió, empatizó, supo qué decirme. Y dame su opinión porque él también ha pasado por un proceso largo de recuperación para luego volver a las canchas. Me ayudó mucho. No es que me empujara, pero fue uno de los que me dijo que ir a México me vendría bien.

—¿Cómo fue eso del Fuerza Regia de Monterrey?
—No llegamos a un acuerdo con el Lleida para renovar y estaba en casa. Mi agente, el cabo de una semana, llegó con la oferta de México. Al principio no me llamó mucho la atención a nivel de ganas, sabes que me encontraba, cómo sería la Liga… Pero mi entorno me dijo que era una manera de seguir activo y no estar en casa comiéndome la cabeza. Me dijeron: imagina que estás un mes en casa y alguien te quiere fichar. Tenía que tener ritmo de competición. Y también hubo un factor económico, claro. Fue una experiencia vital espectacular y, además, ganamos la liga.

—¿Encajaba de algo o de alguien?
—Tenía la sensación de que, con el tema de la lesión, se había creado una imagen sobre mí. Mucha gente pensaba que ya no podría dar el nivel. Y traté de escapar de esa sensación, de ese estigma. Volver a empezar como si fuera nuevo. En México fui yo mismo, me lo pasé muy bien y el año pasado volví al Barça. Fue bueno para mí. Me dio energía y fuerzas para volver al Manresa y jugar como estoy jugando ahora.

—Hace casi nueve años fue campeón de Liga con Valencia y fichó por el Barça. Su carrera ha ido como un tiro. Pero se disfruta más del baloncesto ahora?
—Es otra manera y otro momento de mi vida. Por entonces estaba obsesionado en subir peldaños, ir más arriba, ser lo más ambicioso posible, conseguir el máximo de cosas. No me conformaba con nada. Y eso te lleva a aislarte de todo lo demás. Pierdes un poco la noción de otras cosas de la vida. A raíz de que nació mi hijo, el foco en el baloncesto continúa siendo el correcto, pero no es lo más importante, que es mi hijo. Es como que me he reconciliado con el baloncesto. Y ahora lo disfruto, no me obsesiono. Quiero exprimir la última etapa de mi carrera.


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Una nueva sede para una nueva ilusión. El Palacio de Deportes de Oviedo, nunca ha acogido un partido de la Selección española masculina desde que se proclamó campeona del mundo en China. La familia mantiene el rollo de la era Scariolo.


—¿Empoderó mucho ser capitán del Barça?
—En qué sentido?
—En el de llevar el brazalete de una gran institución a la que usted, además, ha sido aficionado siempre.
—Hay un 50%. Una parte te reconforta mucho. Para un seguidor del Barça, como soy yo desde bien pequeño, es un sueño, algo muy importante. También una responsabilidad muy grande. Hacerle entender a la gente qué significa jugar en el Barça, defender su escudo cada semana… Y además, tener la presión de que tienes que ser uno de los referentes. Era un desafío bonito.

—Ha ganado una Liga y cuatro Copas como azulgrana. ¿Cómo ve la situación de la sección después de los tumbos de los años?
—Se han juntado muchos factores. Durante los últimos años se ha cambiado de entrenadores, cambios de directivos… Es normal que haya un periodo de adaptación. También es una sección que siempre tiene la obligación de competir y ganar. Y eso a veces no es fácil. Pero el Barça es el Barça.

—¿Es una Sección que vuelve después?
—Es ilusionante. Tenía ganas de volver y disfrutar de esta semana, de ayudar a lo que me pidan. Me he encontrado un grupo humano espectacular, con ganas de hacer las cosas bien y volver a estar arriba del todo como ha estado la Selección los últimos 15 o 20 años. Con gente que tiene ganas de comerse el mundo. Hay ilusión e inexperiencia, mezclado con jugadores consagrados y más experiencia.

—¿Se toma esta Ventana como un hasta luego o hasta que el cuerpo aguante?
—No me imaginaba que volvería como ha pasado, lo que quiero es disfrutar hasta que esté bien físicamente. No me marco metas. Si me siento bien y puedo ayudar, ahí estaré.

—Siempre se habla de su pasión por el teatro, pero ha sido comunicador. Hizo un podcast. ¿De dónde vino la idea?
—Quería que el deportista, actor, cantante, hombre de negocios o cualquier persona con influencia nos contase cómo era su vida, con sus momentos malos y buenos, y cómo los ha afrontado. Siempre me ha preocupado mucho el después. Durante años, me obsesionaba pensar en qué iba a hacer cuando dejase de jugar. Ahora no. Ahora disfruto el presente.

—¿Cuándo uno es padre es más sencillo saber qué hacer después?
—Sí, porque tus prioridades cambian. Antes solo pensabas en ti o en tu mujer. Cuando nació mi hijo pasé a ser más responsable. Ahora, gane o pierda, mi hijo va a estar allí esperándome para jugar. Te das cuenta de que lo importante no es lo material ni el dinero, sino las personas.

—Euroliga o Juegos, ¿qué espina le quedó?
—La de Juegos Olímpicos y se lo argumentaré. Porque no pude disfrutar y compartir la Villa Olímpica con esos mega deportistas que hay en ese evento. La Euroliga se me ha escapado dos años. Estuvimos a punto de ganar una, nos quedamos sin semifinales en otra… Pero vivir la experiencia olímpica fue especial.

6 comentarios en «Pierre Oriola reconciliado con el baloncesto»

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