Sasha Djordjevic: «Como profesional hay que elegir por la razón, no por las emociones»
El baloncesto europeo de finales de los 80 y la década de los 90 no se entendería sin la figura de Sasha Djordjevic. El base de Belgrado, nacido en 1967, fue uno de los directores de juego más brillantes, talentosos e imprevisibles que han pisado el parqué. Su legado, forjado entre canastas imposibles y una capacidad de mando innata, ha sido reconocido recientemente en Madrid, donde ha recibido el premio Gigante Leyenda internacional de manos de la revista Gigantes del Basket.
Un vínculo inquebrantable con España
Djordjevic no es un extraño en tierras españolas. Con la carta de naturaleza obtenida en 2003, se considera un español más, un sentimiento reforzado por su exitoso paso por los dos colosos de la ACB: el FC Barcelona y el Real Madrid. Su conexión con el país es tan profunda que sus dos hijas nacieron en ciudades distintas de la geografía nacional: una en Barcelona y otra en Madrid.
A pesar de encontrarse actualmente en el paro, el técnico serbio mantiene intacta su pasión. «Cualquier día me pongo en alguna cancha por ahí», confiesa, aunque admite que la madurez le permite ser paciente para esperar el proyecto adecuado. Para Djordjevic, entrenar no es un simple oficio; requiere una involucración total en el proyecto deportivo. «No soy un entrenador que va solo a entrenar, me tengo que involucrar en el proyecto», asegura con firmeza.
La dualidad entre el Barça o el Madrid
Uno de los episodios más recordados de su carrera fue la celebración de un título en el Palau con la camiseta del Madrid, una imagen que ha quedado grabada en la retina de los aficionados. Sin embargo, el base recuerda con igual orgullo sus éxitos con ambos conjuntos, destacando que en ambos casos se trató de victorias logradas con mucho «corazón» y «huevos» por parte de sus compañeros:
- Ganó la liga con el Barça en la cancha del Madrid en su primer año, decidiendo el título en el quinto partido.
- Repitió la gesta, esta vez con el Real Madrid, ganando también el quinto partido en el Palau durante su primera temporada de blanco.
Ante la pregunta hipotética de a quién elegiría si ambos clubes le ofrecieran el banquillo simultáneamente, Djordjevic apela a la profesionalidad por encima de la nostalgia. «A uno de nuestra profesión se le mide por el nivel de profesionalidad, no por la emoción», afirma, subrayando que las decisiones estratégicas deben tomarse con la cabeza fría. Además, destaca su respeto por figuras como Sergio Scariolo, a quien considera un amigo que ha dado muchísimo al baloncesto español, y menciona que otros técnicos como Xavi Pascual también han regresado a sus antiguos clubes, restando drama a la elección.
El paso por la NBA y el respeto por el estilo español
Su aventura en la NBA no alcanzó las cotas de éxito de su etapa europea, y el motivo, según el propio protagonista, fue una cuestión de rol. Acostumbrado a llevar las riendas y ser el líder absoluto, en la liga estadounidense no encontró ese espacio. «Me gustaba llevar las riendas del equipo, ser el líder, y allí no lo era», explica con sinceridad.
Esa mentalidad ganadora la trasladó posteriormente a su etapa como seleccionador de Serbia, donde utilizó precisamente al baloncesto español como el gran referente a batir. «Cuando yo cogí la selección serbia usaba a España como ejemplo y como motivación», explica. Revela que sus propios jugadores le miraban extrañados cuando les decía que tenían que ganar a España, a lo que él respondía que siempre hay que aspirar a vencer a los mejores.
El talento indomable: el caso de Juan Carlos Navarro
Como buen conocedor del juego, Djordjevic también reflexiona sobre la importancia de dejar que la personalidad del jugador se desarrolle en distintas direcciones. Revela una anécdota curiosa sobre Juan Carlos Navarro, a quien inicialmente intentó disuadir de lanzar sus icónicas «bombitas». «Le decía que no la lanzara, pero después de un mes lo dejé y le dije ‘haz lo que te dé la gana’ y acabó siendo uno de los mejores tiros de la historia».
Para el mito serbio, el baloncesto debe permitir que los talentos sigan su propio instinto, comparando el caso de la ‘Bomba’ con movimientos históricos como el Sky-Hook de Kareem Abdul-Jabbar o el stepback de Dirk Nowitzki. El papel del entrenador, a su juicio, no debe ser el de limitar, sino el de potenciar la identidad única de cada estrella, dejando que su personalidad fluya más allá de los sistemas tácticos.
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